Fronteras












Llevó casi dieciocho años impartiendo un diplomado en la Escuela Activa de Fotografía; en enero de 2025 regresé a dar clases en la carrera a los alumnos de noveno trimestre; fue una emoción muy particular saber que sería parte de este proceso final de formación de los futuros fotógrafos mexicanos. En octubre de 2024 tuve la oportunidad de visitar Venecia, París, Wetzlar y Verona para conocer y aprender las mejores propuestas actuales de proyectos en el mundo del arte con gran interés por ver proyectos fotográficos. Así que pude visitar la Bienal de Venecia, la Fundación Henri Cartier Bresson, Centro de Arte Jeu de Paume, La Galería de L´ instant, Galería TCL art, Feria Art Basel Paris, el mundo de Leica en Leitz-Park y la gala de premiación Oskar Barnack 2024. Con esta experiencia y con la recomendación de un artista visual, el trabajo que propuse hacer a los alumnos para aprobar la materia era hacer un proyecto fotográfico con el tema curatorial de la Bienal de Venecia: Extranjeros por todas partes; con la finalidad de retarlos a que a la par de lo que en Venecia se estaba presentando, ¿qué proponían ellos? Así que yo también me propuse hacer un proyecto que titulé Fronteras bajo el género de bodegón.
Teniendo en mente Extranjeros por todas partes, quería entender el concepto de extranjero y encontrarlo, si acaso, en mi día a día. Lo encontré fácilmente en las manzanas como producto de consumo ya fuera en el supermercado donde la oferta me permitió notar la variedad de manzanas y su procedencia (principalmente EU); sin embargo en la recaudería la oferta era principalmente producto mexicano. Todo esto aparentaba muchas cosas y las más obvias eran las diferencias físicas y de costo. Así que comencé a cubrir las manzanas gringas con cáscaras de productos mexicanos, de tal manera que una piel sometiera a la otra en una especie de confección a través de alfileres que pudieran delinear y mostrar esta capa ajena a la fruta pero que permitiera coexistir una dentro o sobre la otra. Esta manipulación me permitió representar el concepto de extranjeros por todas partes desde las inevitables cadenas de consumo con productos extranjeros, la transformación de la fruta representa diferencias, límites, pertenencia, marca, identidad, camuflaje, ajeno.
La naturaleza muerta se vincula con el lugar en que se produce, documenta un arraigo o desarraigo, y revela prácticas culturales. Es un juego de apariencia, ilusión, reflejos, espejos, dobles, muerte, tiempo… Ofrece algo que no se puede tocar incitando al deseo insatisfecho. En mi naturaleza muerta las yuxtaposiciones de los elementos manufacturados, vinculados a lugares específicos, ilustran las fronteras que delimitan, se superponen y coexisten entre lo propio y lo ajeno, disimulando hábitos de consumo y pertenencia. Las fronteras son y dejan marcas en constante transformación.
Este fue el detonante para mi proyecto, sin embargo al estudiar sobre la historia del bodegón uno de los aspectos que me parecieron más relevantes es la importancia que tienen los objetos fotografiados dentro de un contexto y época. De ahí que la relevancia de un bodegón es mostrar las prácticas culturales representadas a través de estos objetos que muestran un “aquí y ahora” (época).
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