NOTSA . Diálogos de la imaginación
SESIÓN 09 . Duelo de improvisaciones
TEXTO ESCRITO POR IRLANDA
Jueves 27 de junio 2024. Dentro del XXXVII Coloquio Internacional: «Máquina productora de silencio. La improvisación en y más allá de la música y las artes» organizado por 17, Instituto de Estudios Críticos y la Fonoteca Nacional de México se llevó a cabo un Festival de Improvisación en el que participó Maricarmen. Fue una tarde lluviosa pero eso no impidió que hubiera público escuchando esta interesante propuesta de Improvisación en relevos. Dentro de la Fonoteca se usaron tres recintos para dar oportunidad a que los músicos de manera libre pudieran rotarse y ocupar un lugar para la improvisación. A Maricarmen le pusieron dos asistentes, uno para ayudarla a trasladarla y otra persona para cargar su chelo. El evento duró de 16:00 a 18:00 y participaron los siguientes músicos: Santiago Botero, Juanita Delgado (Bogotá), Franco Pellini, Gonzalo Biffarella (Córdoba, Argentina), Lewis Melville, Jashen Edwards (Guelph), Carlos Alegre, Remi Álvarez, Gibrán Andrade, Vania Fortuna, María Goded, Maricarmen Graue, Carlos Grecco, Andrés Guadarrama, Emiliano Cruz, Ángel Florido, Rossana Lara, Ricardo Lomnitz Soto, Eli Piña, Roberto Tercero, Ollin Vázquez, Darío Bernal-Villegas, Fernando Vigueras, (México).
Qué experiencia sentirme entre puro músico de todas las edades, a varios los llamaban maestros y causaban la admiración de los jóvenes. Sencilla y complicada fue esta experiencia. Al principio se hacían grupos de músicos hablando y riendo entre ellos mientras Maricarmen encontraba su primer lugar y se preparaba con su chelo. Cuando llegó el momento de «trabajar» eran más bien miradas entre ellos, y la guía de principio y fin era la música. Sus expresiones eran totalmente corporales, sus voces, brazos, bocas, piernas, ojos se transformaban, se extendían y contraían. Era el instrumento guiando el cuerpo de quien lo poseía pero que inevitablemente se conectaba con el sonido de los otros cuerpos sonoros en el recinto. Entre este ir y venir estaba Maricarmen más atenta que nunca para mezclarse con la exigencia que ella misma se impone para ejecutar su música.
TEXTO ESCRITO POR MARICARMEN
Jueves 27 de junio 2024. Para el día del coloquio de improvisación escribí este texto:
Improvisar con ojos cerrados y oídos abiertos.
Confiando en mi oído, como ha sido en los últimos tiempos de esta escucha, tuve una experiencia inolvidable, muy enriquecedora y plena, al haberme movido en la dinámica planeada con la pura intuición de lo que sonaba, orientada mucho más con mis oídos que con lo que me daba la imaginación de mis ojos, al saber que habían más de 20 músicos en movimiento aleatorio, creando sonoridades solitarias o en colectivo con los que se hallaban en cada uno de los espacios. A muchos de los improvisadores que participaron en el ejercicio, ya los ubicaba por haber coincidido con ellos en la simple escucha, al ser espectadora de sus improvisaciones, o al haber interactuado musicalmente en algunas improvisaciones previas con ellos. Sabía que éramos muchos, sabía que había 3 espacios diferentes con acústicas muy diferentes: una de espacio grande, pero acolchonada por la resequedad de una alfombra, otra con resonancia de madera, suave, dulce y sonora, la última con resonancia de techo alto y muros y piso de piedra. Decidí comenzar en el salón con madera. Me hubiera gustado no saber desde un principio con quiénes iba a dialogar musicalmente, pero, por sus saludos y sus voces supe que eran ya viejos conocidos. Inevitablemente, me predispuse un poco a sus sonoridades. Pero, más pronto de lo que esperaba, todo comenzó a cambiar. Surgió el movimiento en el espacio. Las sonoridades se fueron transformando, así como los colores, los volúmenes, las intenciones. Las texturas sonoras se empalmaban, se movían, hasta que me detuve simplemente a escuchar y disfrutar. En cierto momento la curiosidad me llamó y decidí también comenzar mi movimiento. Me encantó haberme dejado ir por la sonoridad pura, olvidándome de las personas, lo reconocible, simplemente guiada por el estímulo sonoro en donde la mezcla de timbres y la acústica pintaba un constante movimiento de paisajes sonoros irrepetibles. En la elección de mi movimiento no existían personas concretas con sus instrumentos, ni curiosidad por conocer a alguien con quien no había sonado, o sentirme en la comodidad de dialogar con algún viejo cómplice de sonido.
Fue un salto al vacío de la incertidumbre, al no saber cómo y por qué de pronto aparecía el color de una trompeta, inesperada, o algún contrabajo muy cerca de mi lado derecho, o un saxofón comenzaba a sonar enfrente de mí, o una percusión a mis espaldas. En esta promiscuidad musical me pude hallar totalmente libre y cómoda, sin expectativas, en un acto puro de acción reacción, sin el prejuicio de algo esperado. Si me nacía, conversaba con la idea sonora, si quería rebatir, también lo hacía, si quería quedarme callada escuchando, también se podía.
Fue un bellísimo acto sonoro de fe ciega, guiada de la mano de mi escucha.




























FOTOGRAFÍAS TOMADAS POR IRLANDA
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