NOTSA . Diálogos de la imaginación
SESIÓN 18 . Pintado con luz
TEXTO ESCRITO POR IRLANDA
Sábado 7 de septiembre 2024. Esta vez llegué a su casa como a las cinco de la tarde porque mi idea de esta sesión era enseñar a Maricarmen el pintado con luz. Pero antes, y cómo siempre, comentamos cosas que nos parecen importantes. Me leyó un escrito que ha estado haciendo para un nuevo libro y en la lectura escuché la frase: «tengo que pasarlo por el filtro de mi deseo» y pensé que cuando tenemos capacidad de ver, lo que tenemos enfrente nos condiciona y la idea de transformar lo que ella quiere «ver» en deseo me parece una metáfora para nosotros y una realidad inevitable para ella...qué bonito sería ver siempre lo que uno desea . También mencionó que tiene «mil ojos» entre manos, sensaciones, los ojos de la gente. Pero me confirmó que «Estas miradas de cada momento todos las tenemos veamos o no». Con todos estos comentarios me vino a la mente pensar que su percepción es deseo con ojos de otros.
Me contó que fue a una exposición en el Museo de Arte Moderno con una amiga y que le sorprendió que, siendo su amiga artista visual, no se daba cuenta del contexto y todo lo que implica el «alrededor» de lo que le iba describiendo. Me comentó Maricarmen cómo es que la gente que ve no ve.
Empezamos a ver las imágenes que tomó durante este inter que no nos vimos y se las iba describiendo, le hacía comentarios sobre sus errores y aciertos. Pasamos por fotos que tomó a la maquillista de la obra, a mí, su amigo Edgar, Himelda una amiga ciega, el Museo de Arte Moderno, retratos de colegas que no veía desde hace 35 años, y llegamos a lo más interesante para mí. Sabía que estaría en el proceso de tener sus ojos nuevos, cuando supe que iría a las pruebas le dije que no olvidara llevar la cámara y que documentara lo que pudiera. Entonces sin saber empecé a describirle la siguiente foto que era un autorretrato en su casa pero tenía la particularidad de que su cara estaba relajada, sonriendo en una actitud de paz…resulta que esta fotografía la tomó pensando en la última foto de sus ojos viejos: «aquí estoy con mis ojos viejos». La siguiente era ella con ojos blancos dentro de un consultorio, al verla quedé impactada del poder que tienen unos ojos que no ven y pensar en lo sólido que se veían unas cuencas rellenas por algo que se convertirían en unos ojos de apariencia real, pero llenos de engaño y belleza.
La siguientes fotos era en casa de Julio, es decir pasó otra semana para poder tener sus nuevos ojos. Se sorprendió porque pensó que le faltaba la foto con sus ojos finales y comenzó a buscarlas pues estaba segura que lo había registrado. (Esto pasa cuando empezamos a tener registro de imágenes de repente ya no sabemos cuál fue antes y después.) La encontramos y nos quedó claro que el proceso fue largo y antes de estrenar sus nuevos ojos se le atravesó su ida a Cuernavaca a la casa de Julio. Estas fotos con sus ojos nuevos eran en el consultorio en el fondo se ve parte de un letrero que dice uso obligatorio y bromeó Maricarmen que seguramente decía «uso obligatorio de ojos».
Las siguientes fotos eran de Cordoba donde fue a dar una plática y entre sus fotos estaban músicos en un restaurante «que tocaban re bien», su amigo Pablo, una fábrica de café, músicos en escenario y un bar. Después de describir las imágenes ella me dice cuáles le parecen atractivas para que formen parte de esta bitácora.
Fue una revisión de fotos con un recorrido interesante donde se puede apreciar lo activa que es su vida. Sus tendencia es horizontes caídos hacia la izquierda y cuando toma retratos deja mucho espacio en la parte superior.
De aquí siguió la práctica con pintado con luz, usamos el espacio que tiene entre su mesa y su piano y coloqué el banco de su piano con una maceta. Usó su bastón como referencia para la distancia entre la maceta y la cámara. Le comenté lo importante que es tener cuidado de no tocar el lente. Recordamos nuevamente las diferencias entre usar un lente angular o telefoto con la cámara puesta en tripié para saber cuánto abarca el ángulo de visión. Le expliqué que todo se prepara con luz encendida sobretodo porque la cámara necesita luz para colocar foco en el sujeto u objeto pero muy importante cambiar el foco a manual antes de hacer la toma porque apagaremos la luz y sin luz la cámara buscará foco, no lo encontrará y no disparará. Le explique que usaríamos la luz del celular para iluminar la maceta de forma cenital y eso determinaría lo que aparecería en la toma y ella sería la encargada de hacerlo mientras yo disparaba (lo que aparece en la toma es lo que recibió luz). Si la luz apunta hacia la cámara se marcan líneas, mientras que sí se dirige a la maceta se verá la maceta porque recibió luz. Establecimos el encuadre, colocamos el foco y comenzamos a practicar la toma para sacar el tiempo de exposición correcto. Finalmente usamos diafragma 11, 20 segundos de exposición e ISO 100 con luz cenital del celular iluminando los 20 segundos, la distancia entre cámara y objeto fueron 50 cms y 40 mm de longitud focal.
Podemos concluir que la técnica es la siguiente: cuarto oscuro, tripié, cambiar una vez colocado el foco a foco manual, lamparitas, sacar la exposición correcta probando los segundos en que el objeto debe estar iluminado. En caso de salir clara la foto hay que dar menos tiempo de luz, si sale oscura dar más tiempo de luz. También se puede compensar abriendo o cerrando el diafragma. No tocar el objeto para que no se mueva. Si la luz se hecha frente a la cámara saldrán líneas, si la luz se hecha sobre el objeto sale la parte del objeto iluminado. No ponerse frente a la cámara.
A Maricarmen le gustó pero pensó que son muchas variables que hay que trabajar, sin embargo después ella puede marcar el espacio, usar la misma distancia focal, usar la misma lámpara y el tiempo debería ser el mismo. Terminamos la sesión porque Maricarmen tenía que estudiar para el concierto de mañana.
TEXTO ESCRITO POR MARICARMEN
Sábado 7 de septiembre 2024 : Tuvimos reunión con la intención de revisar mis últimas fotos y mostrarme también un poco del pintado con luz. Siempre hay de qué platicar. El tema de la imagen visual no termina en el diálogo con ella, ni en mi cabeza. Revisó mis últimas fotos y siguen apareciendo mis tendencias a inclinarme a la izquierda y a hacer muy amplia la parte superior de la foto, pero creo que ya las estoy concientizando más. En cuanto al pintado con luz, no tuvimos mucho tiempo, pero ya logré entender en lo que consiste, porque en teoría no lo había captado. Hicimos algunas pruebas poniendo el tripié. Entendí que, para este tipo de fotografía, hay que utilizarlo y tomar la foto a oscuras. El objetivo de la foto fue una plantita de siempreviva. La pusimos sobre el banco del piano. Hay que tomar en cuenta muchos factores para que la foto resulte. Me quedó claro que hay que calcular la distancia entre la lente y el objeto, hay que calcular el diafragma, el iso, el tiempo de exposición, desde dónde va la luz. Hicimos varios intentos cambiando las variables, hasta que se logró finalmente lo que se pretendía. Creo que esta forma de tomar foto puede ser más afín con lo que yo puedo controlar. Le leí a Irlanda un texto que escribí sobre mi forma de ver y me gustó observarme desde fuera escuchándolo de nuevo. Le hice algunos ajustes y aquí lo comparto:
De Ver
Tengo en las manos unos ojos que dibujan, desde la realidad de esto que siento, de esto que
imagino, que ha nacido desde las texturas, los contornos, los relieves. Es lo que yo conozco a través de su tacto, en el contacto directo con lo que es, más lo que agrega el recuerdo y la imaginación. Todo se suma y crece y emociona, hasta querer transformarse en una nueva interpretación de lo que ahora veo. Acabo por creer que crear es una forma de interpretación, desde lo que cada quien tiene para percibir. Acaricio mi rostro, su tersa tibieza, la nariz pequeña y respingada, las orejas de textura suave, casi como cuando se palpa la frescura de la carne de un bebé, orejas tan olvidadas en la estética de un rostro. Mis cejas siguen pobladas y probablemente ya tienen canas. Hay memoria de la que fui, en tacto y en espejo. Mis labios son ahora más delgados y menos carnosos, de vez en cuando extrañan los besos que los engrosaban; algunas formas se conservan turgentes, aunque su cobertura es más frágil e inconsistente. Algo comienza a perder tono. Mi piel ya muestra huellas de lo vivido y día con día se transforma en una capa más delgada y seca que recubre la estructura de huesos de mi cara. Imagino mis ojos de hoy, con ese color verde que cada quien me describe de forma distinta, y que nunca podré definir, precisamente porque soy demasiado obsesiva por saber los tonos exactos de los colores. Sé que no soy lo que creo que recuerdo, aunque cada hoy es el absoluto y lo que queda de lo que fue es demasiado ficcionable, como mucho de lo que conservamos en la memoria. A veces me sueño frente al espejo, con todas las caras posibles que guardo en la memoria, o que imagino que tuve y tengo. Joven y estirada, cachetona, de ojos grandes o hinchados, pálida o rozagante, de mirada triste o pícara; y me toco de nuevo, y encuentro lo de hoy, esa que es una sola, con todo lo impreso en la piel, tan marcado. Pienso en ello, y se me arruga la frente. No me percato de ello con las manos, lo siento en el fruncir de mi nariz que me jala la frente hacia arriba, y luego hacia abajo, y pinta en relieve renglones delgados de sorpresas, enojos, preocupaciones, molestias ante la luz. Y pienso en mis canas, esas que nunca me vi, y que ahora, por decisión propia, he dejado crecer. Son como yerbas en un jardín salvaje que es mi cabeza, yerbas despeinadas que se muestran sin pudor enmarcando un rostro que yo no veré, ante todos los que me ven, hablando de la edad, maldita evidencia de la edad, que siempre provoca dilemas, en mí, y en los otros; y más cuando la vida afectiva no está del todo resuelta. Y mientras la emoción me traza estos surcos sobre las cejas y dudo en seguir así, sin ponerme el disfraz de joven en el cabello, sobrevive lo que soy ahora, y me vuelvo a tocar la cara con estas manos tan ocupadas en escribir y narrar lo que observo, y todo esto se mezcla convirtiéndose en palabras que a veces no bastan para decir todo, como no basta la imagen visual para describir todo lo que soy, o quisiera ser desde lo que recuerdo, sumando lo que imagino, lo que sueño. Soy en este tacto lo que creo que ahora queda de lo que alguna vez fui, de lo que a veces me sueño. Soy, en este contacto con eso que soy y he sido.
Quiero creer que eso que me dicen mis manos y mi recuerdo y mi reflexión, no es sólo contacto de dedos y piel, de teclas y pensamiento; es algo que quiero decir, porque lo valoro, tan sólo porque yo lo siento, desde estos ojos que me salen por todos lados, con los que he aprendido a convivir en los últimos tiempos, con toda la verdad de su percepción, tan sólo porque es la mía, única e irrepetible. Estos ojos que, a ojos de otros, no ven, pero que me habitan con todas sus impresiones en este mundo tan visual que se ha fabricado en mí, a pesar de la ceguera. Por eso, me urge recrear estas imágenes visuales, y otras tantas de lo que percibo, que me llenan más allá de lo que pueden juzgar unos ojos que son funcionales para percibir la realidad de nuestro entorno, , que trabajan desde la información que han aprendido de tantos ojos, educados en conceptos como la proporción, la simetría, la riqueza y armonía de los colores, los contrastes de luz y sombra, y demás ideas visuales que yo también aprendí y consideré muy importantes alguna vez cuando también veía, y que sigo considerando, que viven tan presentes en mi visión imaginaria, pero que ahora me hablan desde otros parámetros.
Así como veo, escucho en cada trazo de mi mano la longitud de una línea que se detiene en las diferentes texturas, que se regocija en la suavidad resbaladiza de lo turgente, o se frena en una arruga o un pliegue. Me gusta esta imperfecta asimetría que yo siento en cada paso de mi mano por todos los diferentes caminos tan coloridos que va encontrando.
Y así como hablo de mi cuerpo, hablo de todo mi entorno que dialoga con mi forma de ver, desde sus texturas, sus temperaturas, sus sonoridades, su luz y su sombra, y todo lo que percibo al saber la hora del día, la orientación o las dimensiones del lugar.
Y ahora me enfrento a la fotografía, esta idea tan intangible de lo visual, intangible para una persona como yo, que tiene esta manía de querer controlar todo lo que cree, lo que quiere creer, lo que crea. Tomo una foto, y la imagino, con lo cercano, con la frescura que puede tener el momento en que hago clic, o lo interesante que podría yo encontrar en esa imagen; pero se atraviesa eso que está más allá de mi primera impresión: todo aquello que hay detrás, o a un lado de lo que me interesa captar, y también lo que me permite o no mi pulso tembloroso, o la sensibilidad extrema de los botones de la cámara, o mi cuerpo que no se acomoda en el ángulo correcto y que con el más mínimo movimiento cambia el enfoque o el objetivo. Y también se atraviesa ese que no soy yo, que la verá, y la interpretará y la filtrará con sus propios medios para decírmela, desde su ver, que no es el mío. Y yo, con fe ciega, tendré que reinterpretar esa interpretación, analizando la mirada de mi descriptor, que me revela de sí mismo, más que de la foto. Y me invadirá el bombardeo visual ajeno de lo que es correcto o curioso o interesante o proporcionado o simpático o grotesco. Y sólo me quedará claro que, tal vez, en realidad, la única foto válida es la primera, la que motivó la iniciativa para hacer clic. Es maravilloso disparar y confiar en que mi idea, por lo menos, en un origen existía como una foto real. Es extraño tener que esperar a que los otros hagan el juicio final, que califiquen mi desempeño técnico o expresivo o creativo. Pero me alivia que todo es un aprendizaje, porque desde que esto empezó, ha habido una evolución hacia el dominio del aparato, más control de mis manos, de mi observación, que ya mide el entorno, la luz, el fondo, y pienso en la foto como un cuadro que pudiera alterar a mi gusto, tomando lo que me conviene de lo que está ahí afuera de mis ojos, como para jugar con ello y alterarlo, pasarlo por el filtro de mi deseo. Puedo pensar que la foto es como pintar un cuadro a mi antojo, y alterarlo según mi voluntad de incluirle o quitarle lo que no deseo ver. Me gusta observar cómo manejan los otros la foto, porque me hace aprender de las muchas posibilidades de jugar con la imagen. Finalmente, todo está ahí para que uno disponga de ello según la necesidad de plasmar lo que uno desea como imagen visual. …Aunque el resultado último no me conste… Ese punto siempre será el que me hace ruido en la foto.
Haber visto hace que mi imaginación visual sea demasiado amplia y exigente, y me pierdo en las incontables fotos que me fabrican todas las diferentes descripciones, que, en vez de aclararme, muchas veces me confunden o me divierten. Me resigno con curiosidad y espíritu creativo a ver esto como un juego del que puedo sacar más variantes. Esas muchas imágenes que creo a partir de mi foto final pueden ser generadoras de más ideas para más imágenes. Además, todo es tan relativo en los gustos, que hasta viendo podría yo misma verlas de muchas formas, como veo o leo o escucho todo lo que hago. Tal vez me pesa y me inquieta tanto este tema, precisamente porque tengo en mi recuerdo una carga visual enorme con todas sus variantes de luz, de color y de forma.
Esta ceguera no es “no ver”, es ver demasiado, desde la imaginación y el recuerdo, condimentado con la percepción de todos los demás sentidos.
En el inter, Irlanda registró un concierto en donde toqué con mi amigo pianista Víctor y 2 cantantes.


FOTOGRAFÍAS TOMADAS POR MARICARMEN




FOTOGRAFÍAS TOMADAS POR IRLANDA
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