NOTSA . Diálogos de la imaginación

SESIÓN 01 . Percibiendo y describiendo

TEXTO ESCRITO POR IRLANDA

Sábado 13 abril 2024: Este es el inicio del proyecto NOTSA, Diálogos de la imaginación, cuyo objetivo es fotografiar la vida y proceso de aprendizaje fotográfico de Maricarmen Graue, artista multidisciplinaria que ha perdido completamente la vista. A través de un diálogo visual entre la documentación del proceso y las imágenes creadas por ambas, mostraremos que la imagen existe no porque la veamos físicamente sino porque pensamos a través de ella.

Maricarmen es una chelista mexicana, maestra de música, artista plástica, actriz, corredora y escritora. En palabras de ella “solo no veo”.

En esta ocasión nos reunimos en un café por Coyoacán, ocupamos una mesa en el exterior del local para poder aprovechar la luz. Mi interés en esta primera clase era entender la manera en que ella percibía el entorno y la capacidad que yo tengo para describir un espacio. Comentarle algunas cuestiones técnicas de la cámara, que la sintiera en cuanto al peso, botones, etc.

Mientras Maricarmen me describía el entorno, no podía más que sorprenderme lo atinada que estaba siendo. Ella sabía la hora del día por la luz del sol que en esos momentos le tocaba su espalda y por supuesto la dirección del sol y su intensidad, hasta el color de la luz. Ella perdió la vista, así que tiene memoria de la realidad hasta cierto momento de su vida.

También se guía por los sonidos los cuales le dicen a qué distancia pueden estar las cosas, o si hay un espacio al aire libre. Las personas que la rodean, si son jóvenes, grandes, niños, si están hablando en voz baja e incluso si es un grupo de personas. También identificó que había un espacio abierto con árboles, el sonido de los pájaros determinaron la altura de éstos. Sabía si pasaba un carro, bicicleta, moto, etc.

Una vez que me describió su percepción yo la enriquecí con información que sin duda cambió su perspectiva y le provocó asombro. Detalles como el color de las casas, escuchaba las voces de un grupo e identificaba que estaban dentro del local pero no sabía que estaban enmarcados por un ventanal, donde ella se reflejaba, que parecían extranjeros, que delante del ventanal había una bicicleta color rosa estacionada. Que el local era de color rojo quemado, que las sombrilla de la mesa donde estábamos sentadas eran rojas también. Que nosotros estábamos sentadas al final de la hilera de mesas, reconfirmé que nuestros vecinos eran una pareja que se cuchicheaba. Efectivamente había un espacio abierto que era un parque con árboles y la casa que le seguía al parque era de dos pisos, color azul y con un grafiti muy colorido.

Mientras conversábamos pasó un indigente que no identificó hasta que percibimos un olor particular.

Su asombro fue la bicicleta rosa, el grafiti en la barda de la casa y el reflejo de ella en el ventanal. No había pensado en los reflejos como parte de sus imágenes cotidianas.

TEXTO ESCRITO POR MARICARMEN

Sábado 13 abril 2024 : Encuentro en Coyoacán, yo con un vestido de colores que imagino tan colorido como una tarde en la playa. El encuentro se da en un café con mesas al aire libre, con la confianza que me da Irlanda para ser, para expresar. Ella me pide que le describa lo que percibo del ambiente, y lo primero que siento es la paz de las callecitas del viejo Coyoacán en una tarde calurosa de sábado de primavera. Escucho pájaros, pocos motores. Se siente que hay un lugar amplio, cercano a mi derecha, como si fuera una explanada o un jardín. No dejo de pensar en que es de tarde, por el sol que me pega en diagonal en la espalda. Imagino el tono dorado de su luz. Los cantos de pájaros suenan demasiado, como si se estuvieran reuniendo para irse a acomodar en las copas de los árboles. Se siente que es una tarde tranquila de amigos tomando el café en Coyoacán. Voces alegres de jóvenes, a mi izquierda, y una pareja un poco a mis espaldas, con voces más silenciosas e íntimas. Hay algo que cubre por encima nuestra mesa; seguramente una sombrilla, la mesa es redonda, e Irlanda lanza la pregunta que obliga y entusiasma para que aguce mis sentidos. Pasan carros a mi derecha, pero pocos; seguramente es una callecita empedrada. Ahora que recuerdo, no me fijé en el sonido de las llantas de los coches al pasar. Si hubiera estado más atenta, hubiera distinguido el peculiar sonido de las llantas sobre las piedras. Le digo a Irlanda que el espacio amplio que percibo a mi derecha es seguramente una plaza rodeada de árboles de copas no muy altas, porque se escuchan los pájaros no tan altos, y seguramente hay casitas tipo Coyoacán, como las de la plaza de santa Catarina, o la de la Conchita. Imagino la luz iluminando mi joroba y los colores de mi vestido luciendo más intensos en mi espalda. De vez en cuando escucho el clic de la cámara de Irlanda, que me rodea, me capta mientras hablo o gesticulo. Parece ser que lo que digo es bastante atinado en lo visual, pero me sorprenden los añadidos de Irlanda, como las cosas que no hubiera sabido nunca que estaban ahí, si ella no me las hubiera mencionado, y siento cómo esos aportes revuelcan mis previas imágenes construidas. Es extraño darme cuenta de cómo se construyen las imágenes a medida que las voy pensando, procesando, amalgamando con lo que aportan todas las sensaciones que tengo en los demás sentidos, hasta lograr finalmente una imagen visual que huele, que se siente al tacto, que suena. Irlanda me aporta detalles sorprendentes, como que hay a mi lado unos conos rojos que delimitan el espacio y que no imaginaba y que alteran esa foto que me había fabricado de colores suaves, dorados, arenosos. Todo se transforma con la intensidad de los rojos de los conos y de la sombrilla que nos cubre. Me gusta el rojo sobre esos tonos tierra. Después me dice de una bicicleta rosa que está recargada a un lado y eso me ensucia la imagen tan armónica que había construido con los colores previos. Y luego me entero de que la gente joven que habla está en una mesa que tiene un cristal de por medio, y me imagino las piernas de los comensales, que le agregan algo extraño y casi grotesco a la imagen de esa pared. Algo se armoniza con la pintura negra y roja de los muros que, al parecer, enmarcan esos vidrios a través de los que se ven las personas.

¿Qué es lo que realmente es? Eso es la gran pregunta… ¿Qué tan alterado está lo que percibimos por nuestras ideas, experiencias o percepciones personales? A estas alturas del encuentro yo ya me había hecho montones de fotos en mi cabeza. Todas iban cambiando según mis nuevas percepciones o las aportaciones de Irlanda, o de algún nuevo suceso o presencia, o cambio, como la tarde que iba perdiendo su luz dorada, y que iba quitándole brillos a los colores fuertes, como los rojos o el arco iris de mi vestido, o como el aroma a basura que cargaba un indigente que andaba por ahí. Cuántas fotos desfilaron con la plática, con las nuevas palabras y sucesos. En cuestión de técnica, hablamos de las distintas imágenes que se podían captar con los enfoques, hablamos de las diferencias de la luz según la hora del día. Hablamos de las primeras cámaras. Y la noche llegó y cambiaron mis fotos internas de nuevo.

FOTOGRAFÍAS TOMADAS POR IRLANDA